Xavid 10/05/2018

A lo largo de la historia, se ha podido comprobar que aquellas organizaciones que han sobrevivido, han sido aquellas que han sabido desarrollado un conjunto de competencias y habilidades que les ha permitido adaptarse y dar respuesta a los nuevos retos que surgen como consecuencia de los continuos cambios.

Conceptos como los de la “empresa viva[1] y “organización inteligente[2], han estado presentes en esas organizaciones durante décadas y probablemente son un claro precedente a la necesidad actual de desarrollar conceptos y criterios vinculados con la excelencia y la sostenibilidad de las organizaciones.

Es fácil intuir la relación existente entre excelencia y sostenibilidad pues a nadie se le escapa que en un entorno cambiante y tan competitivo como el actual, se hace difícil hablar de sostenibilidad de las organizaciones sin contemplar la necesidad de estar orientada a la excelencia, y viceversa, difícilmente se puede llegar a lograr la excelencia, si una organización no comprende que cualquier actividad empresarial que quiera realizar, está directamente vinculada al desarrollo económico y el progreso social del entorno donde desarrolla su actividad.

La sociedad requiere directivos que piensen en el largo plazo, en la sostenibilidad y que fundamenten sus decisiones en valores éticos[3]

Las organizaciones excelentes y sostenibles tienen líderes que dan forma al futuro y lo hacen realidad, actuando como modelos de referencia por sus valores y principios éticos e inspirando confianza.

Líderes que comprenden que la excelencia y la sostenibilidad de su organización requieren ser contemplados en el proceso de reflexión estratégica.

Aunque la relación entre excelencia y sostenibilidad pueda ser fácil de intuir, a efectos prácticos conviene que sea desarrollada con el fin de que nos permita visualizar todos los componentes que están interrelacionados.

En la introducción a este capítulo se ha hablado de ética, de adaptación al cambio y de contribuir con el desarrollo económico y al progreso social como un modo natural de favorecer el entorno donde la organización desarrolla la actividad.

Veamos su interrelación con la representación de una fórmula matemática que nos facilite su comprensión.

La primera variable que nos aparece en la fórmula es la “E” de ética, pues en definitiva es una de las palancas más poderosas con las que cuenta cualquier organización para fortalecer su reputación y la confianza con sus grupos de interés.

Sin la confianza de sus clientes, proveedores, empleados, inversores, etc… una  organización no podría llegar a sobrevivir y por ello el valor de la ética en la fórmula tan solo puede tener dos valores, 1 ó 0, es decir no hay valores intermedios porque la falta de ética no puede ser justificado siendo rechazada por el conjunto de la sociedad.

Además en la fórmula podemos comprobar que el valor de la ética adquiere un efecto multiplicador por lo que si su valor es igual a 0, no importa el valor del resto de los componentes de la formula porque el resultado seguirá siendo 0.

Para aquellas organizaciones más reticentes a comprender que en el contexto actual tan solo podrán sobrevivir las organizaciones con un comportamiento ético, cabría recordar la estrecha vinculación que surge entre la ética, la responsabilidad penal de las personas jurídicas y los sistemas de “compliance”.

Siguiendo con el desarrollo de la fórmula, cabría reflexionar sobre el papel que cualquier organización desempeña en el entorno donde desarrolla su actividad, fomentando el desarrollo económico y el progreso social.

Para ello, cabe partir del los conceptos de valor retenido VR y valor compartido VC. Que no es otra cosa que hablar de cómo se reparte el margen bruto. Es decir, cuanto valor comparte a través del pago de salarios, impuestos, dividendos, proveedores…, y cuanto valor retiene la organización como fuente de autofinanciación para llevar a cabo nuevas inversiones.

El valor compartido es la principal fuente para el desarrollo económico puesto que contribuye al crecimiento del PIB y paralelamente contribuye al progreso social a través de la creación o mantenimiento de puestos de trabajo de una forma directa, indirecta e inducida.

El valor retenido es una de las fuentes que la organización tiene para mejorar su competitividad y en ese proceso es fundamental visualizar como se gestionan y transforman los capitales.

El valor retenido es el capital financiero que la organización utiliza y transforma para convertirlo en capital intelectual, industrial, natural, social…con el fin de mejorar su competitividad y paralelamente puede también contribuir al desarrollo y progreso de su entorno.

La empresa retiene capital financiero y los transforma en capital natural cuando invierte en la mejora de la eficiencia y ello va acompañado de un mejor aprovechamiento de los recursos naturales y una disminución de sus externalidades negativas.

La empresa retiene capital financiero y lo transforma en capital intelectual cuando invierte en innovación que a su vez dan respuesta a los nuevos retos de este cambio de época que nos ha tocado presenciar y a su vez los puede transformar en capital social si además comparte y transfiere a la sociedad los conocimientos adquiridos.

La empresa retiene capital financiero y lo transforma en capital industrial, intelectual y humano para la mejora de la productividad, eficiencia y calidad.

Tan solo son algunos ejemplos pero que muestran claramente como cualquier organización puede estar contribuyendo al desarrollo de su entorno.

La tercera variable de la fórmula está directamente relacionada con su capacidad de adaptación al cambio, y al igual que ocurría cuando nos referíamos a la ética, una organización se adapta o no se adapta, tardará más o tardará menos, pero las empresas que no se adaptan no pueden aspirar a la excelencia. Por ello la adaptación al cambio solo puede tener dos valores, 1 ó 0 y su efecto multiplicador en caso del que el valor sea igual a 0 provoca que la empresa no pueda aspirar a la excelencia y su sostenibilidad.

Por último, llegamos a la última de las variables de la fórmula, la “A” de alianzas que además puede llegar a suponer un efecto exponencial para lograr la excelencia y la sostenibilidad.

En definitiva, nadie se le escapa que vivimos en un cambio de época con importantes retos que tienen su origen en las macrotendencias de carácter global y que nos llevan a visualizar el desarrollo sostenible como el reto más importante

Un reto que requiere el compromiso y la contribución de todas las partes del sector privado y del sector público que debe de traducirse en alianzas orientadas a un objetivo común y en la que la suma de esfuerzos y aprovechamiento de las sinergias son presumiblemente claves para lograr hacer frente a este desafío.

  • [1] De Deus, A., The living company, Harvard Business School Press, 1997.
  • [2] Senge, P., The Fifth Discipline: The Art and practice of the learning Organization, Currency Doubleday, 1990.
  • [3] Marta Elvira (Profesora en IESE Business School de Dirección Estratégica y Dirección de Personas en las organizaciones)